Delfina, la azteca entre los aztecas

La maestra Delfina Gómez, candidata del partido del partido MORENA, concluyó su participación en el segundo debate entre los aspirantes a gobernadores del Estado de México recitando la frase “levantad el rostro, pueblo de Texcoco”, mientras sostenía en mano el libro: “Tlacaélel, el azteca entre los aztecas”, escrito por Antonio Velasco Piña, del cual tomara aquellas palabras. Este acto fue considerado suficientemente relevante por la propia candidata como para difundirlo posteriormente a través de sus redes sociales (al final de este texto se incluye el vínculo al video) a pesar de lo cual ha pasado prácticamente desapercibido para los analistas.

En el contexto de un debate político, este tipo de recurso es comprensible como estrategia retórica: la apelatio ad libro busca conectarse con las nociones populares de conocimiento, autoridad y prestigio con que se nos ha formado por generaciones, además de fortalecer la imagen de la candidata como una “intelectual” (en consonancia con las continuas referencias que ella misma hace a su labor como docente y a sus dos maestrías). Pero más allá de esta dimensión instrumental, los gestos aparentemente irrelevantes suelen ser reveladores del pensamiento de quien los lleva a cabo. Como se dice popularmente: “en los detalles está el Diablo”.  Y las lecturas personales (o la ausencia de las mismas, según se ha constatado) pueden comunicar mucho más acerca del carácter de una persona que los discursos propagandísticos escritos por encargo y bajo diseño.

El texto en cuestión es un exaltado panegírico a Tlacaélel, personaje histórico, miembro de la nobleza mexica y principal consejero de varios soberanos de este pueblo que se convirtió en un personaje de gran poder e influencia. A él se atribuyen una serie de reformas políticas e ideológicas que contribuyeron a consolidar al imperio de Tenochtitlán como la potencia dominante en el norte del Continente Americano durante la época prehispánica. Entre estos logros estaría la creación de la triple alianza (pacto militar que confirió legitimidad al sometimiento por medio de las armas de los otros pueblos de la región, aquello que Lameiras Olvera denominó “los déspotas armados”), y en el plano ideológico, la creación del mito nacional mexica, según el cual este pueblo habría sido elegido por el Sol para suministrarle alimento y preservar el orden cósmico. Como parte de este proceso, se destruyeron los códices que contenían registros históricos antiguos, reescribiéndose la historia según el nuevo discurso oficial emanado desde el poder. Es decir, Tlacaélel fue, a su manera, el creador de una maquinaria de estado autoritaria que incluyó la primera historia oficial o “de bronce” conocida en el territorio de lo que hoy es México.

Sin lugar a dudas, Tlacaélel fue un hombre excepcional y una figura clave de su época. Como sucede con todo personaje del pasado, debe ser comprendido en propio contexto histórico y evitar realizar un juicio anacrónico desde nuestros propios valores. No podemos exigir a un azteca del s. XV y XVI que actuara siguiendo los valores democráticos de la actualidad. Pero esto va en ambos sentidos: aplicar su pensamiento político a la actualidad es algo que resulta por lo menos cuestionable. Tan controversial como que cualquier candidato a un puesto de elección popular citara a César, a Napoléon o a Maquiavelo…

En cuanto al autor de dicho libro, Velasco Piña es conocido por un puñado de obras, entre los cuales destaca “Regina”, una suerte de novela histórica de rudimentaria factura que mezcla elementos del indigenismo prehispanista nacionalista postrevolucionario (la ideología de estado inspirada en Tlacaélel, pero desarrollada por la dictadura perfecta del Partido Revolucionario Institucional) con esoterismo new-age y algo de teoría de la conspiración, aderezados con un toque de Carlos Castaneda. Todo lo cual no tendría mayor importancia que situar al autor de marras entre los innumerables escritores de literatura fantástica que con mayor o menor suerte pululan a lo largo y ancho del panorama editorial si no fuera por su pretensión de atribuir veracidad histórica a estas obras y porque a partir de ellas se creó un grupo que ha sido denunciado como una secta o culto vinculado con importantes personajes del poder político y económico del país. Aunque  se desconoce gran parte de las actividades de los “Reginos”, como se les conoce, en el ámbito público, han tenido los recursos suficientes para producir la obra de teatro musical “Regina” y la película “Zapata: el sueño del héroe”, protagonizadas por dos de las estrellas más populares y comerciales de México: los cantantes Lucero y Alejandro Fernández, respectivamente.

Debemos aclarar que no pretendemos en forma alguna descalificar a la maestra Delfina. Hemos señalado que los lapsus y los modismos populares de que se mofan sus adversarios no necesariamente la incapacitan como gobernante. Así mismo, MORENA es el único partido del espectro político mexicano que reivindica en la actualidad los planteamientos populares, mientras que tanto la derecha como la izquierda han avanzado en un proceso de deriva hacia el individualismo liberal que les aleja de sus propias bases ideológicas.  Nuestra intención es hacer un análisis de las ideas, que por lo demás sería imposible en el caso de los otros candidatos pues desconocemos cuáles sean sus lecturas.

Pero ante la interrogante de cómo interpretar el hecho de que la Delfina Gómez cite un texto cómo este, existen dos posibilidades: la primera es nuestra candidata desconozca lo que subyace a las palabras que ha mentado, que para ella no signifiquen nada más que lo que dicen literalmente: una frase hermosa e inspiradora que venía perfecto para ser empleada como slogan en campaña. En este caso, lo que podríamos reprochar a un político-intelectual como lo es la maestra, es precisamente ese desconocimiento. La segunda posibilidad es que sí esté al tanto de todo esto y que su referencia no haya sido por ignorancia o superficialidad. Esto resulta aún más preocupante, no sólo por los guiños autoritarios que conlleva, sino porque uno de los rasgos característicos de MORENA, su partido, ha sido precisamente cuestionar a los grupos fácticos y no públicos que se han anquilosado en las esferas de gobierno, aquello a lo que su líder, López Obrador, ha denominado “la mafia del poder”.



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